Realidad virtual para ayudar a personas con enfermedades mentales

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”Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre… Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre”. Leyendo estas líneas, un psiquiatra tendría pocas dudas a la hora de diagnosticar al protagonista de las mismas como un paranoico. El texto pertenece al cuento El corazón delator, publicado en 1843 por Edgar Allan Poe, uno de los escritores que mejor ha sabido captar los miedos y las trampas que atenazan nuestro cerebro. Algunas veces a causa de trastornos psicológicos diagnosticados; en otras ocasiones como mecanismo de defensa ante un medio hostil. A diferencia de otras enfermedades psicológicas, la paranoia no parece tener un sustento fisiológico definido, por lo que continúa siendo un gran misterio para los médicos. Hay psiquiatras que la interpretan como un síntoma previo a la esquizofrenia, otros que la ubican como la consecuencia de una psique desubicada ante experiencias traumticas, y otros que investigan la posibilidad de que exista una componente genética. Los trastornos paranoides pueden presentar apariencias muy distintas: van desde delirios de grandeza, a manías persecutorias o temores conspiranoicos. Todos los síntomas coinciden en una disociación entre lo que el sujeto experimenta y lo que interpreta como real, una creencia que le lleva a pensar que los demás intentan hacerle daño o están obsesionados con él. Las personas que sufren paranoias pueden verse abocadas al encerramiento y tener problemas en sus vidas de relación o laboral.

Se cree que el término paranoia fue acuñado por el médico griego Hipócrates en el siglo V antes de nuestra era. Estudios recientes parecen demostrar que en su aparición influyen múltiples causas y que hay riesgos ambientales. Por ejemplo, es más probable que se tengan episodios paranoicos si realmente ha habido maltrato hacia la persona. En individuos vulnerables, el uso de algunas drogas como el cannabis puede favorecer la aparición de la enfermedad. Daniel Freeman, del departamento de Psiquiatría de la universidad de Oxford, lleva años ayudando a pacientes con paranoia. El propósito de su trabajo es avanzar en la comprensión y el tratamiento de las alucinaciones, manías y visiones que acompañan a la enfermedad. Freeman y su equipo han intentado varios métodos que incluyen estudios epidemiológicos, experimentos psicológicos, pruebas clínicas y una revolucionaria aproximación que utiliza la realidad virtual como terapia.

Las pruebas con la VR se están mostrando muy efectivas, ayudando a los pacientes con mayor efectividad que los tratamientos convencionales. Las personas afectadas por paranoia son puestas frente a situaciones conflictivas gracias a la realidad virtual y se las ayuda, con la supervisión de profesionales, a enfrentar sus temores, sabiendo que se encuentran en un entorno seguro. Freeman piensa que estas técnicas tendrán un gran impacto en el futuro de la psicología: “creo que la realidad virtual tiene la capacidad para ayudar en casi todos los desórdenes mentales”; aunque todavía requiere una mayor colaboración entre los distintos actores implicados: “tenemos una tecnología fantástica, pero el contenido es importante. Necesitamos una verdadera interacción entre la ciencia psicológica y la ciencia computacional, y también con la gente que puede garantizar que la experiencia de usuario es la adecuada”.

Texto: José L. Álvarez Cedena

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