Dar una vuelta al mundo volando con el impulso del sol



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“Una vez hayas probado el vuelo siempre caminarás por la tierra con la vista mirando al cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver”. La cita podría ser de Antonie de Saint-Exupéry o de Roald Dalh, ambos aviadores profesionales además de ilustres escritores. Pero es de Leonardo da Vinci quien, casi 500 años antes de que los hermanos Wright (oficialmente considerados los padres de la aviación moderna) consiguieran mantener un aparato de su invención durante 12 segundos en el aire, ya expresó la aspiración humana de surcar los cielos.

Bertrand Piccard comparte con Da Vinci esa pasión por volar. Este psiquiatra y explorador suizo, protagonista de la primera vuelta al mundo en globo sin escalas, soñó un día con la posibilidad de construir un avión impulsado únicamente con energía solar. Y, aunque no le resultó fácil -su idea se encontró con el desinterés de las grandes compañías aéreas-, no se detuvo hasta encontrar un compañero de viaje: lo hizo con André Borschberg, también suizo, también visionario, además de ingeniero, empresario y piloto profesional. Los dos fueron el germen de Solar Impulse, un proyecto que con su segundo prototipo ya ha conseguido dar la vuelta al mundo por primera vez en la historia a bordo de un avión solar. Junto a ellos, casi cien personas que incluye mecánicos, ingenieros, pilotos de pruebas y personal de tierra. Un equipo numeroso y entusiasta empeñado en demostrar que las energías limpias son el futuro.

El Solar Impulse está diseñado para minimizar el consumo energético. Su envergadura es de 72 metros (unos 4 metros mayor que un Boing 747) y la superficie total de sus alas de 204 metros cuadrados, suficiente para instalar las 17.000 células fotovoltaicas que transforman la luz solar en energía eléctrica. Cuenta con cuatro motores que le permiten desarrollar una velocidad media de 70 kilómetros por hora. La cabina sólo tiene espacio para un piloto, por lo que todos los vuelos deben ser en solitario (lo que hace todavía más meritoria la aventura de Piccard y Borschberg) y cuenta con una cama, un pequeño aseo y un bote salvavidas para emergencias. Una de las características más importantes del Solar Impulse es su capacidad de planear y de almacenar la energía en baterías de alto rendimiento, lo que le permite volar de noche.

Precisamente después de una de sus largas travesías, la que le llevó desde Nueva York a Sevilla durante en mes de julio -antepenúltima etapa de la vuelta al mundo- Piccard resumía lo que les animaba a continuar impulsando este sueño: “cuando Cristóbal Colón partió para buscar el Nuevo Mundo, las distancias eran entre continentes, pero ya no. Ahora son estados de la mente. Cruzar el Atlántico es un símbolo, es la diferencia entre el viejo mundo de la contaminación y las tecnologías anticuadas y el de las nuevas tecnologías limpias y energías renovables que harán que tengamos un mundo mejor».

Texto: José L. Álvarez Cedena

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